Llegó la hora. La hora de volver a ser capaz de enfrentarme a un papel con un bolígrafo como única arma de contraataque, porque en realidad mi único temor, el que me ha evitado enfrentarme a un papel es el de que me ganara la partida y no ser capaz de escribir nada en él.
A fin de cuentas es eso, siempre, en cada una de mis batallas de tinta he vencido por la motivación de que al vencer voy a lograr ayudar; a quien me lea -o eso quiero creer- y a mi misma.
Pienso esto porque cuando escribo lo hago con fuerza, y en muchas ocasiones esa es la única fuerza que he mantenido. Escribir, ser capaz de vencer a este folio, me hace darme cuenta de que puedo vencer cualquier cosa, hasta uno de mis mayores miedos, el de bloquearme ante un papel y perder eso de lo que siempre he estado orgullosa pasara lo que pasara: mi esencia.
Últimamente he flaqueado mucho, en todo. He visto todo en mi contra, quizá más por mi forma de tomarme las cosas que por las situaciones reales vividas. Pero ya no más.
Mi fortaleza volvió, o quizá nunca se fue, pero hoy ha decidido volver a manifestarse y reivindicar lo que es suyo, y todo el tiempo que le debo. Mi yo, el que nunca debió marcharse está aquí. Y está aquí para quedarse.
Sí, quedarse. Con mis 'arriba' y 'abajo', con mis idas y venidas, con mis venazos, con todo lo malo. Pero sobretodo CONMIGO.
Y bien, ganado el primer asalto y casi a mediados del segundo, veo llegado el momento de hacer una tregua con mi querido -aunque reñido- papel.
Papel solo deberá dejarse llevar, yo haré el resto con ayuda de mi bolígrafo. No recurriré a mi bolígrafo dejando indefenso al papel, solo le atacaré cuando fortaleza contrarreste el efecto nocivo del bolígrafo envenenado de pensamientos negativos sin medidas. Solo cuando estos cuatro elementos estemos reunidos, podremos hacernos uno y ser capaces de transmitir, porque solo esto es lo que quiero hacer llegar, ideas o historias más o menos felices, pensamientos más o menos positivos, pero siempre con la certeza de que solo sean eso, pensamientos, ideas movidas por una mente enferma temporalmente que un día sanará de esta etapa con grandes recuerdos y -aun mayores- lecciones sacadas de esta.
Este es el pacto acordado que, aquí queda presente, pienso cumplir; porque hoy puedo con todo, o al menos con todo lo que debo poder a día de hoy.
Los acontecimientos que nos presenta la vida no son calificables como buenos ni malos, solo lo es la forma con la que nos enfrentamos a ellos.
Me alegra ver que te decides a derrotar los gigantes que te rodeaban. Al atacar a esos miedos, se diluyen como fantasmas y se ve que nunca fueron tan grandes.
ResponderEliminarEnhorabuena por el triunfo,... y a seguir luchando.
Te recomiendo un poema que pone los pelos de punta: "Palabras para Julia", de José Agustín Goytisolo.